Barahona
Crimen ambiental anunciado: la mina Romero pretende envenenar el Yaque del Sur y condenar a muerte al Sur dominicano
Por Bill Peña
Lo que hoy se intenta presentar como “desarrollo” no es más que un acto de irresponsabilidad histórica contra el Sur de la República Dominicana. Aquí no hay espacio para eufemismos: poner en riesgo las aguas del río Yaque del Sur es atentar directamente contra la vida, la economía y el futuro de toda una región.
Este río no es un simple curso de agua. Es la columna vertebral que sostiene la producción agrícola de San Juan de la Maguana, Azua, Barahona, Bahoruco, Independencia y San José de Ocoa. De sus aguas dependen miles de tareas agrícolas, cosechas enteras y el sustento de familias que no tienen otra fuente de ingresos. Sin el Yaque del Sur, el Sur no produce; y sin producción, sobreviene el colapso social.
Pero el golpe sería aún más brutal. El Acueducto Regional del Suroeste (ASURO), que abastece de agua potable a provincias enteras como Barahona, Bahoruco e Independencia ;y que incluso podría suplir a Pedernales, depende directamente de este sistema hídrico. Contaminar estas aguas no es solo un daño ambiental: es una agresión directa contra la salud pública, una condena a consumir agua envenenada o, peor aún, a no tenerla.
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Y aun con todo esto sobre la mesa, se pretende imponer la explotación de la mina Romero en la Cordillera Central, justo en las cercanías del nacimiento del río San Juan. Es decir, en el mismo corazón de la cuenca que alimenta al Yaque del Sur. No es ignorancia: es una decisión consciente de poner en juego un recurso vital por intereses económicos de corto plazo.
La experiencia internacional es clara y contundente: donde se instalan explotaciones mineras de este tipo, el agua paga el precio. Metales pesados, drenaje ácido y residuos tóxicos terminan filtrándose en los ríos, envenenando su caudal de forma progresiva pero irreversible. Pretender que en este caso será diferente no es optimismo: es negligencia.
Aquí no hay medias tintas. Si se contamina el río San Juan, se contamina el Yaque del Sur. Y si se contamina el Yaque del Sur, se destruye la agricultura, se encarece el agua potable, se disparan las enfermedades y se obliga a miles de dominicanos a enfrentar una crisis sin precedentes. Eso no es progreso: es despojo.
¿Quién asume la responsabilidad cuando los suelos queden improductivos? ¿Quién responderá cuando el agua deje de ser apta para el consumo humano? ¿Quién compensará a las familias que perderán su sustento? La respuesta es incómoda, pero evidente: nadie.
El país no puede permitirse este nivel de irresponsabilidad. No se puede hipotecar la seguridad hídrica de toda una región por un proyecto extractivo de duración limitada y consecuencias permanentes. El costo sería irreversible.
El río Yaque del Sur no es negociable. El agua no se vende, no se sacrifica y no se contamina en nombre de un falso progreso. Defenderlo no es una opción: es una obligación moral, social y nacional.
El Sur no puede ni debe ser condenado. Y frente a esta amenaza, el silencio también sería cómplice.










