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Apagones y escasez marcan la cotidianidad en Cuba ante nueva presión energética

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La Habana.– La crisis energética en Cuba se ha intensificado en las últimas semanas, con apagones que superan las 10 horas diarias en varios puntos de la capital y extensas filas para la adquisición de combustible, en medio de un escenario internacional marcado por el anuncio de Estados Unidos de aplicar aranceles a países que comercien petróleo con la isla.

Pese al complejo panorama, la vida cotidiana en La Habana transcurre dentro de una normalidad marcada por la adaptación. En barrios como Playa, negocios y ciudadanos han modificado sus rutinas para sobrellevar la falta de electricidad, utilizando equipos recargables y aprovechando la luz natural para continuar con sus actividades.

“Antes cerraba cuando se iba la luz, ahora sigo trabajando con una máquina automática”, comentó Luis, propietario de una barbería, mientras atendía a un cliente durante un corte eléctrico.

Durante el mes de enero, los apagones han aumentado en frecuencia e intensidad, una situación poco habitual incluso para la capital cubana. Sin embargo, parques concurridos, transporte improvisado y encuentros sociales en el Malecón reflejan la capacidad de adaptación de una población acostumbrada a escenarios adversos.

La situación energética se ha visto agravada por la reducción en el suministro de combustible. En estaciones de servicio de zonas céntricas como El Vedado, las filas de vehículos se extienden por varias manzanas, con esperas que superan las 12 horas.

“Cada vez es más difícil resolver. Uno pierde el día entero buscando combustible”, expresó Jorge, trabajador por cuenta propia que depende del diésel para su actividad diaria.

En las gasolineras que operan con divisas, el litro se comercializa a 1.29 dólares, mientras que en el mercado informal los precios superan los dos dólares, según testimonios recogidos en la capital.

Cuba produce cerca de 40,000 barriles diarios de petróleo, de los más de 110,000 que requiere para cubrir su demanda interna. Gran parte de esa producción se destina a la generación eléctrica, por lo que sectores como el transporte y el suministro de agua dependen en gran medida de las importaciones.

La reducción del crudo procedente de Venezuela, así como la disminución de envíos desde otros países ante las presiones internacionales, ha contribuido al recrudecimiento de los apagones y la escasez de combustible. A esto se suma la caída del turismo, que en 2025 registró menos de dos millones de visitantes, afectando la entrada de divisas a la economía nacional.

Frente a este escenario, la población recurre a la solidaridad vecinal y a soluciones prácticas para enfrentar la escasez. En distintos barrios, residentes intercambian consejos para cocinar sin electricidad o procurarse leña y carbón como alternativas temporales.

“Habrá que acostumbrarse a cocinar sin luz”, comentó una residente del barrio Santa Fe, reflejando el realismo con el que muchos cubanos asumen una situación que, para ellos, forma parte de una rutina marcada por décadas de tensiones, sanciones y limitaciones materiales.

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